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Apruebo-Rechazo

  Algunos amigos me preguntan si “apruebo” o “rechazo”. Y la verdad es que “apruebo” porque no le tengo miedo a la democracia. Viví mi niñez, adolescencia y juventud en dictadura, con toque de queda, con medios de prensa manejados por el poder, con represión, con miedo muchas veces a expresar mi opinión. Me acuerdo del golpe de Estado de 1973 (estaba a semanas de cumplir seis años de edad), de los militares en la calle, de las camionetas C-10 camufladas y con ametralladora en el techo del Ejército, de las grabaciones de las protestas para el instituto donde estudiaba, de las carreras para arrancar del guanaco y de los civiles que nos perseguían por el centro de Santiago para quitarnos la cinta del grabador. También me acuerdo de la noche que pasé en una comisaría porque supuestamente estaba bebiendo alcohol en la calle y de la explicación del carabinero, a eso de las cinco de la mañana, que nos había detenido “para cumplir la meta de la noche”. Me acuerdo de los plebiscitos de los ...

Tomás Lefever

En los últimos meses, entre sueños, se me ha aparecido varias veces la figura del Maestro Tomás Lefever, a quien conocí cuando estudié Comunicación Audiovisual a mediados de los 80. Y como creo en los sueños, me imagino que hay algo que Tomás desea que escriba, por lo que me puse a recordar la relación que construimos discípulo-maestro quienes estudiamos con él. Lo primero que recuerdo de Tomás es su cabellera y barba blanca desordenada, sus apuntes de clase en la mano y su voz grave, la gestualidad al momento de la clase, sus incitaciones a la reflexión, a ir más allá de lo obvio, en síntesis, a pensar y crecer. De él, y de varios maestros más, aprendimos la importancia del ramo "café" a la hora del recreo, de seguir conversando ya no sólo de las materias de la clase, sino también de la realidad del país (1986-1988) en plena dictadura. En ese ramo podían salir reflexiones incluso más importantes que las que habían surgido en clase, se nos abría la mente enclaustra...